Cosa si saranno aspettati di trovare, gli agenti della CIA, nello zaino di Ernesto Che Guevara, dopo averlo imprigionato ed ucciso? Non certo un quaderno di poesie. Chissà cos'avranno pensato. Lo avranno giudicato pazzo? Difficilmente quel quaderno, quelle poesie avranno turbato le loro menti.

In un articolo sul Corriere, Paco Ignacio Taibo II ci racconta di quel quaderno verde, di come sia riuscito a venirne in possesso di una fotocopia. Ci parla delle poesie che il Che aveva ricopiato, senza scriverne l'autore. Solo quattro i poeti presenti nella sua personale antologia: Pablo Neruda, César Vallejo, Nicolás Guillén e León Felipe.

Guevara si vantava di conoscere a memoria i Veinte poemas de amor y una canción desesperada di Neruda.

Quante poesie avranno mai letto, in vita loro, gli agenti della CIA che lo uccisero?

Quante poesie avrà mai letto il Presidente George W. Bush?

Quante poesie avranno letto, in vita loro, i poliziotti che entrarono in azione alla Diaz, a Genova, nel 2001?

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche esta estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque este sea el ultimo dolor que ella me causa,
y estos sean los ultimos versos que yo le escribo.